De Viaje por Albania con Pedro Zubiaurre

 

Hace ya muchos años me propuse visitar poco a poco, sin prisas, todos los países que, en mayor o menor medida, tuvieran costas bañadas por el mar Mediterráneo, cuna de sus diversas culturas y nexo común de todos sus pueblos. Hasta este año que recién acaba de terminar, tenía en mi agenda aún tres países que pisar para ver culminado mi propósito felizmente.
Uno de ellos ha caído por fin de la lista durante las vacaciones de Navidad . Se trata ni más ni menos que de Albania. Por eso propongo desde aquí : Hablemos de Albania, descubrámosla.
País, aún hoy en día misterioso, desconocido y maltratado por los tópicos, es un destino que, lamentablemente y a día de hoy, poca gente se anima a elegir para pasar sus vacaciones.
Cuando se menciona a Albania, a casi todo el mundo le viene la cabeza básicamente su pasado comunista radical, estalinista, su férreo aislamiento, las bandas mafiosas y un sentimiento de que es un país inseguro y lejano tipo Afganistán o Irak, por ejemplo. Y, amigos, nada más lejos de la realidad. Espero que cuando acabéis de leer estas líneas, tengáis un concepto real de lo que hoy día es Albania : un país mediterráneo, europeo, muy cercano en todos los aspectos, tranquilo, soleado y pacífico, con playas y montañas preciosas, con excelente comida y, por ahora, con unos precios bastante contenidos y asequibles. Vamos allá…

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El nombre del país es en realidad Shqipërisë, país de las águilas en lengua albanesa, nombre adoptado desde el S.XV, cuando los rebeldes albaneses capitaneados por su héroe nacional Skanderbeg, luchaban contra el imperio otomano invasor y llevaban una bandera distintiva con un águila bicéfala, águila que hoy día figura en la bandera oficial de Albania. Este nombre se lo pusieron los romanos cuando pisaron esta tierra por la blancura de sus montañas…
Situada en la península balcánica, está rodeada por Grecia al sur, y por las ex-repúblicas yugoslavas de Montenegro, Kosovo y Macedonia. La bañan los mares Adriático y Jónico y está muy cerquita del tacón de la bota de Italia, a unos 70 Kilómetros por mar tan sólo.

Albania

Albania

Con una extensión poco menor que la de Cataluña, tiene tan sólo tres millones de habitantes y una renta per capita bruta de 9.450 € . Esto da una idea de su posición económica. Cabe reseñar que es, desde hace un año, candidata a la adhesión a la UE y está sumida en un proceso de reformas sociopolíticas y económicas supervisadas que permitirán en un futuro culminar felizmente dicho proceso de adhesión. Albania mira a Europa sin ninguna duda viendo en ella su futuro.

Albania pasó un siglo XX de lo más convulso y “entretenido” :
– Independencia del imperio otomano (1912)
– Monarquía ineficaz y dilapidadora del tesoro público.
– Ocupación de los fascistas italianos (1939).
– Ocupación de los nazis alemanes (1943).
Tras acabar la Segunda Guerra Mundial, en 1946, el país estaba arrasado y sumido en la pobreza. A partir de ese momento se impuso en Albania un régimen comunista-estalinista feroz liderado por Enver Hoxha que llevó a sus habitantes al más férreo aislamiento y a la más estricta vigilancia por parte del aparato del partido. Hombre obsesivo, Hoxha sembró el país de búnkeres blindados con capacidad para 5 personas, más de 720.000, por temor a una invasión del exterior. Abandonado por Rusia primero y luego por China, se replegó sobre sí mismo dando la espalda al mundo y sumiendo al país en la oscuridad y en la incertidumbre. La imagen cerrada, oscura y enigmática de la Albania de hoy, se debe en gran medida a los años de puño de hierro de Enver Hoxha que, tras hacer retroceder a su pueblo un siglo en el tiempo y el progreso, murió tranquilamente en su cama en 1985.
Su influencia duró algún tiempo más, hasta que definitivamente se apagó en 1992 cuando Albania dejó de ser oficialmente comunista y pasó a ser una República Democrática Parlamentaria.

¿ Qué se puede hacer allí?

En Albania hay muchos atractivos para el visitante, desde su clima mediterráneo privilegiado, sus playas, sus montañas, sus parques naturales y lagos… hasta sus ciudades Patrimonio de la Humanidad o sus recintos arqueológicos ilirios o grecorromanos.
Digamos en primer lugar que viajar a Albania es cómodo y rápido. La manera más sencilla es vía aérea hasta Tirana con una breve escala en Roma. En total unas cinco horas de viaje y con la posibilidad de salir a conveniencia ya que hay vuelos a lo largo de todo el día. También existe la posibilidad de viajar, vía Estambul, más barato, pero entre la ida y la vuelta harás 3.000 Kilómetros más de avión y 8 horas más de viaje.
También hay que decir que, según la época del año, el viaje por Albania tendrá unas características u otras. El verano, con sol y temperaturas extraordinarias, es más apropiado para hacer rutas a pie o en bici por las montañas del norte o del sureste, dicen que puedes caminar durante horas y horas sin ver un alma, recorrer sus numerosos Parques Nacionales y sus lagos, disfrutar de la costa y sus playas, con lugares únicos donde aún no se percibe la masificación bestial que sufren otros enclaves del Mediterráneo.
El invierno, frío, aunque pueda disfrutarse de un bonito sol algunos días, es más apropiado para sumergirse en la cultura, el arte y el pasado histórico albanés y visitar sus ciudades, iglesias, monasterios, recintos arqueológicos y patrimonio cultural en general.
Este es el viaje que hemos hecho un grupito este fin de año y que, personalmente, me ha resultado satisfactorio y gratificante.

El Recorrido

La puerta de entrada y salida del país, y lo primero y último que suele visitarse es su capital Tirana.
Situada en el centro geográfico de Albania, es su principal ciudad, por extensión, por población, 700.000 habitantes y por recursos. Es la sede de las instituciones y el lugar donde más se nota el desarrollo y la modernidad del país, no desmereciendo en nada frente a otras capitales europeas. Tiene amplias plazas y avenidas, además de edificios oficiales notables y majestuosos, todo ello diseñado, trazado y realizado por arquitectos italianos durante la década de los años 20 del pasado siglo.
Coloridos mercados, modernos hoteles, comercios de todo tipo, restaurantes y cafeterías, la llenan de vida diurna y nocturna. Se ve por sus calles mucha gente joven con modernos atavíos, educados, simpáticos y curiosos, que hablan italiano e inglés muy correctamente y se interesan por todo lo que pasa en Europa.
Es interesante y entretenido pasear sin prisas por Tirana e ir viendo latir su vida y contemplando, por ejemplo, la enorme Plaza Skanderbeg, el Cid Campeador albanés, con su estatua ecuestre en el centro y flanqueada por el museo Nacional de Historia, el Ayuntamiento, la , la Mezquita de ET’hem Bey, la Biblioteca Nacional… Con más tiempo se podrían ver también el Puente de Curtidores, el Museo Arqueológico, la Galería Nacional de Arte, el Teatro Nacional, los edificios ministeriales, el Parlamento… incluso, para los más curiosos, rarezas de la época comunista como el “Piramida”, edificio en forma de pirámide en mármol blanco hecho por la hija de Enver Hoxha, destinado a ser su mausoleo y que a día de hoy se utiliza como centro cultural y de convenciones.

Siguiendo nuestro recorrido, llegamos hasta Kruja, pequeña localidad de 20.000 habitantes situada al norte de Tirana, a una hora en coche más o menos. Hay dos cosas destacables en este enclave : Una de ellas es su pequeño bazar de la época otomana que, aunque restaurado íntegramente en los años 60 del pasado siglo, conserva cierto aroma y encanto. Con sus calles empedradas y sus pequeños comercios, es casi el único lugar del país donde se pueden adquirir objetos de recuerdo y que está orientado hacia el turismo. El resto de Albania parece no hacer mucho caso, por ahora, a la creciente ola de visitantes foráneos y a la repercusión que ello puede tener en su economía. Ojalá que no les pille con el paso cambiado.

El Castillo de Kruja es el otro lugar que merece una detenida visita. Posee unas vistas excepcionales sobre la ciudad y el valle y alberga un moderno museo histórico sobre la figura de Skanderbeg, diseñado por la hija de Enver Hoxha, como no, y que resulta didáctico y entretenido.
Hay además en el recinto de la ciudadela una torre-vigía original de la época otomana y un “teqe” o santuario, del siglo XVIII, lugar sagrado del sufismo bektashi, que proporcionan una interesante visita.

 

Nuestra ruta vahacia la costa, dirección oeste, cuando nos topamos con el momento friki del viaje, la localidad de Fushe-Kruje, que pasaría totalmente desapercibida si no fuera porque en una de sus plazas se puede contemplar, ni más ni menos, que una gran estatua en bronce de…¿Skanderbeg? … ¡no!… ¡de George W. Bush!… si, el que fuera presidente de los EEUU. Parece ser que una vez pasó por allí el ínclito personaje y, ni cortas ni perezosas, las autoridades locales decidieron erigir una estatua a su figura en la que se le muestra descamisado y saludando brazo en alto al pueblo. !Ver para creer! Ahora al pueblo lo conocen jocosamente en el resto del país como Bushe-Kruje.

Llegamos a la costa, concretamente a Durres, gran ciudad portuaria de 120000 habitantes, la segunda del país tras Tirana.
Poco se puede decir de esta ciudad salvo que no posee atractivo alguno para el visitante y que puede pasarse de largo sin problema. Sólo si eres muy amante del mundo antiguo, puedes disfrutar con lo poco que queda de su anfiteatro romano embutido entre edificios modernos o con unos pocos metros que quedan de sus antiguas murallas. Por lo demás, encanto cero.

A unos 100 kilómetros dirección sur-este se encuentra Berat, la ciudad de las mil ventanas, cuyo centro histórico se encuentra en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Es una ciudad de unos 35.000 habitantes cruzada por el Río Osumi. Este río parte su centro histórico en dos barrios, Gorica, ortodoxo cristiano y Mangalem, musulmán, cuyas casas y calles trepan por una colina hasta la Ciudadela y que es el más representativo y conocido de la ciudad, el que se ve en todas las fotos de Berat.
Mangalem pide a gritos un detenido paseo por sus sinuosas y empinadas callejas para ver sus casas y sus antiguas mezquitas.
Cruzando el río está Gorica donde hay poco que ver, un par de Iglesias, pero desde donde se pueden apreciar las mejores vistas de Mangalem.
Desde la Ciudadela se pueden aprecian unas extraordinarias vistas de la ciudad y el valle, recorriendo el perímetro de sus murallas y llegando hasta el mirador. En su vasto interior quedan aún ocho Iglesias, de las 42 que llegó a haber en su tiempo; también hay dos mezquitas de la época otomana, una cisterna subterránea y muchas casas, gran parte de las cuales aún hoy en día continúan habitadas. Merece mucho la pena visitar el museo Onufri, el más importante pintor de iconos de Albania del siglo XVI , en cuyo interior hay una amplia e interesante muestra de su obra y de la de otros pintores de la época. El iconostasio del fondo es de una belleza exquisita.
Hay dentro de la Ciudadela un bar llamado también Onufri, donde un tipo muy simpático y dicharachero sirve una sabrosa comida regada generosamente con raki, el aguardiente típico albanés. Una recomendación, daos a la comida con afán, está muy rica, pero cuidaos del raki… ¡es muy peligroso y de indeseados efectos! Alguno de mis acompañantes puede dar fe de ello.

Desde Berat hasta Ardenica, al oeste, hay unos 60 Kilómetros. de mala carretera. Allí lo más interesante para visitar es su monasterio. Es este un amurallado complejo de edificios con diversas dataciones y piedras de las más variadas épocas, desde la romana hasta la segunda guerra mundial, pero que en su mayoría puede fecharse hacia el siglo XVIII.
Una vez atravesado su gran portón, se pueden ver, a la izquierda, dependencias administrativas y las estancias de los monjes al fondo, aunque en la actualidad solo vive allí uno. A la derecha, está la iglesia de Santa María con su claustro, su torre campanario y unos meritorios frescos de los hermanos Zografi, del siglo XVIII. Más antigua es la Capilla de la Santísima Trinidad, situada más a la derecha, tras el ábside de la Iglesia.

En este punto de la ruta, si se dispone del tiempo necesario para ello, se podría llegar, dado que no está muy lejos de Ardenica, hasta el sitio arqueológico de Apollonia, ciudad con origen en el siglo VI a.C. y máximo esplendor durante la época romana. Parece ser que aún pueden verse cosas interesantes en el lugar y a buen seguro, los amantes del mundo antiguo, disfrutarían de lo lindo perdiéndose durante unas horas entre sus piedras. Desafortunadamente nosotros no dispusimos de ese tiempo.

Seguimos hacia el sur y dejamos de lado a Vlora, 100.000 habitantes, ejemplo de ciudad en un magnífico enclave, pero destrozada por un desarrollo sin freno y una construcción sin cotas ni planificación.
Unos 50 Kilómetros. más al sur llegamos al Parque Nacional de Llogara, vasto enclave verde, húmedo, frondoso, con alturas de hasta 2.000 metros en algunos puntos. Sus carreteras estrechas, sinuosas y empinadas permiten admirar el bello paisaje hasta llegar al Paso de Llogora, a unos 1.000 metros de altitud, tras el cual, de repente, dicho paisaje se vuelve seco, árido y rocoso, con escarpados acantilados que dan a la mar y desde donde algunos valientes se arrojan al vacío para la práctica del parapente.

Desde aquí y por espacio de unos 80 Kilómetros. se extiende un magnífico, bellísimo espacio de costa que algunos llaman la Riviera Albanesa.
Bañada por el azul y plácido mar Jónico esta costa sigue aún, afortunadamente, con una belleza auténtica de playas extensas no urbanizadas, pueblos pequeños no invadidos por el turismo de masas y un cielo y una mar limpios y claros. Dhermiu, Vunoi, Himara, Qeparo o Palermo son pueblecitos pequeños que se asoman a la mar medio dormidos, con gente sin prisas por sus callejas y donde puede verse aún a ancianas vestidas de negro por caminos flanqueados de olivos. Es fácil imaginarse a uno mismo en un lugar así en verano relajándose en alguna playa nada concurrida y disfrutando del sol, del aire y de la sabrosa, natural y barata comida mediterránea de esos lugares. Pero la pregunta es : ¿Hasta cuándo será eso posible? ¿Cuánto tardará en pasar allí lo que en tantos y tantos otros sitios del Mediterráneo? Ojalá que haya alguien o algo que impida que esto suceda, pero la experiencia me hace ser pesimista muy a mi pesar.

Y hablando de desastres urbanísticos, a unos 40 Kilómetros. al sur, llegamos a Saranda, ciudad de unos 50.000 habitantes, situada en un enclave privilegiado, a dos millas náuticas de la isla griega de Corfú y que es como la Benidorm albanesa. Mejor seguimos ruta hacia el sur que hay más que ver.

A unos 30 Kilómetros. al sur de Saranda se encuentra una de las joyas de Albania, la ciudad antigua de Butrinto. Lo primero que llama la atención al llegar allí es el sitio, un paraje natural privilegiado con una pequeña Península elevada en su centro, redonda, en un lago, rodeada por una sólida muralla, con mucha vegetación y con un ambiente relajado y tranquilo que invita a la reflexión y el sosiego mientras se camina entre las ruinas.
Butrinto está en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco aunque hoy en día no se considera que su supervivencia esté amenazada gracias a las intervenciones que en ella se han realizado y que se continúan realizando aún. Se pueden encontrar allí restos de muchos períodos históricos, que abarcan unos 2.500 años. De ahí su importancia.
En el siglo IV a.C. ya era Butrinto un núcleo urbano. Podemos contemplar en un paseo sin prisas su Teatro del siglo III a.C. que tenía un aforo de 2.500 personas. A su lado unos baños romanos y la casa de Esculapio, el Dios de la Medicina. Muy cerca se encuentra un baptisterio del siglo VI d.C., que tiene unos bellos mosaicos que, lamentablemente, se encuentran tapados y no se pueden contemplar en vivo, solo en foto. Un “nymphaeum”, o fuente ornamental del siglo II d.C., una villa romana del siglo IV d.C. y posteriores, actualmente en obras de restauración, o una enorme basílica acabada en el siglo VI d.C. son otras de las bellezas del lugar.
Son impresionantes las murallas que rodean todo el recinto, por su longitud, por su solidez, por el tamaño de los bloques de piedra y por su buen estado de conservación. Los tramos más antiguos son del siglo IV a.C. y pueden verse aún dos puertas impresionantes de las seis que un día existieron, la Puerta Escea o Puerta del Lago, y la Puerta del León, en cuyo dintel hay un grabado de una leona atacando a un toro.
Del siglo XVI, de la época veneciana, datan la Torre de vigilancia de la entrada y la fortaleza triangular defensiva del otro lado del canal.
En la acrópolis hay un castillo veneciano precioso, restaurado por los italianos el siglo pasado. También un museo con esculturas y piezas meritorias encontradas en las excavaciones del lugar. Las vistas desde allá arriba sobre el lago y su entorno son impresionantes. Merece la pena tirar el reloj cuando se visita Butrinto. Una experiencia inolvidable.

Para continuar nuestra ruta, debemos desandar lo andado y poner rumbo al norte esta vez. A unos 100 Kilómetros. de Butrinto se halla otra de las joyas de Albania, la ciudad de Gjirokastra, también incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Actualmente con una población de unos 25000 habitantes, Gjirokastra comenzó a formarse hacia el siglo XIII cuando empezaron a construirse casas ladera abajo partiendo desde el Castillo.
Su diseño actual y sus indudables sabor y color datan del siglo XVII cuando la ciudad, tras la invasión otomana, comenzó a prosperar y sus familias a hacer fortuna con el comercio.
La Ciudadela, al contrario que la de Berat, no está habitada. Tiene unas murallas de una altura impresionante, algunos de cuyos tramos datan del siglo VI. Tiene tres puertas, y siete torres, la más conocida, la Torre del Reloj. Las vistas desde aquí sobre la ciudad y el valle son espectaculares.
Lo que distingue a Gjirokastra de otras ciudades, son sus casas típicas otomanas. Llegó a tener hasta 2.000 casas y un gran Bazar en el s. XVII, pero en la actualidad cuenta con unas 400, que tienen diversos grados de protección según su valor histórico. Se construyeron en la primera mitad del s. XIX y son de estructura vertical con dos o tres plantas y capacidad para varias familias, llegando a vivir en ellas hasta 50 personas o más. Son característicos sus tejados de pizarra grises y sus altísimas paredes encaladas. Es muy evocador pasear por las empinadas callejas de sus barrios más típicos, como el del Antiguo Bazar o el de Partizani y entrar en algunas de sus casas mejor conservadas y disfrutar de sus interiores.

Tras lo visto hasta este punto en nuestro recorrido por Albania, y dado que teníamos el fin de año por delante, nuestro viaje nos llevó a tomar las uvas hasta Tirana, con la intención de, con el nuevo año, tomar rumbo hacia el Lago Ohrid, para pasar la frontera con Macedonia y recorrer su Ribera Este.
Tampoco habría sido descabellado llegar hasta el lago desde Gjirokastra pasando previamente por la región vecina de Korça, de cuya capital y de sus pequeños pueblos de piedra nos han hablado muy positivamente como lugares alejados, llenos de encanto y tranquilidad.

Llegamos en una mañana soleada a Ohrid, ciudad Macedonia de unos 45.000 habitantes, que es la capital de la región del lago. Luce el lago azul, claro, transparente, calmado, bellísimo. Tiene unas dimensiones de 30 Kilómetros. de largo por 15 Kilómetros. de ancho y una profundidad de hasta 300 metros en algunos puntos. La capital es una población de casitas blancas que trepan por una colina hasta su cumbre que está coronada por los restos de una muralla defensiva. Es un sitio muy turístico, con mucho ambiente, nada que ver con Albania. En una primera impresión recuerda al Mediterráneo, a Ibiza o a Mykonos, sobre todo si se la observa desde el lago en un plácido paseo en barco. Es un paraje maravilloso, un entorno idílico.
En la ciudad y alrededores, hay muchísimas cosas para ver, un antiguo emplazamiento romano, Santa Sofía, San Clemente y Onofre… y sobre todo la coqueta iglesia de San Juan Kaneo, justo a la orilla del lago, en un emplazamiento espectacular.
Dicen que alrededor del lago hay 365 iglesias, una para cada día del año. No sé si esto será cierto porque no lo pude comprobar, claro, pero sí sé que las que hay son bellísimas, todas ortodoxas, de entre los siglos IX al XI y con frescos en sus paredes de gran valor. En Albania, desgraciadamente, el régimen de Hoxha se encargó de destruir gran parte del patrimonio religioso, bien derribando Iglesias y Monasterios, bien dedicándolos a otros menesteres como almacenes o cuadras, tras destruir con cal viva los frescos de las paredes. Así que Macedonia es ideal para ver arte religioso ortodoxo.
Una gran joya de este arte se encuentra en la orilla del lago, a unos 40 Kilómetros. de Ohrid. Se trata del Monasterio de San Naum, un edificio de más de mil años, restaurado e impoluto por fuera, abigarrado, oscuro y mágico por dentro, con paredes totalmente cubiertas por frescos de una belleza incuestionable. San Naum era discípulo de los Apóstoles de los eslavos, los santos Cirilo y Metodio. Estos fueron los creadores, en este mismo lugar, del alfabeto cirílico, el cual, muchos pueblos eslavos utilizan hoy en día. De ahí, que este Monasterio sea un lugar no solamente de interés religioso, sino también histórico y cultural.
Unos paseos en barca por los manantiales que abastecen al lago, situados en el Parque Natural de Galicica, son un colofón perfecto para la visita a San Naum.

De regreso a Tirana, a medio camino, se encuentra la ciudad de Elbasan,110.000 habitantes. Tiene un casco antiguo con partes de sus murallas, dentro del cual, parece ser que existen una antigua mezquita, una iglesia ortodoxa y una torre del reloj que bien merecerían una visita. Y digo parece ser, con toda intención , ya que, desgraciadamente y por falta de tiempo nos quedamos con las ganas de ver esas joyas de Elbasan. ¡Los inconvenientes de viajar con un tiempo muy limitado! Otra vez será.

Algunas conclusiones finales

En mi personal y humilde opinión, el viaje por Albania ha resultado satisfactorio y ,en ciertos aspectos, incluso sorprendente. Cercano y a la vez tan distante , todavía ha de recorrer un largo camino para integrarse, como es su deseo, en el marco común europeo.
En el plano turístico, es evidente que recién acaba de despertar y aun no es muy consciente del potencial que guarda y de las medidas que debe tomar para desarrollarlo convenientemente, sin matar la gallina de los huevos de oro. Playas y costas llenas de basura no biodegradable, que allí no se recicla ni se recoge; largos tramos de costa devastados por una construcción desordenada y sin cotas; problemas con el caótico tráfico y sus normas en general, aunque sin llegar al nivel de la India o de Egipto, claro, son algunos de los problemas que deben ir encarando ya. También la creación y desarrollo de una infraestructura turística a nivel europeo, con empresas y profesionales cualificados, que facilite al viajero la visita al país de una manera efectiva y cómoda, a la vez que reporte a su economía fondos imprescindibles para su crecimiento.
Aunque no es el paraíso para las compras que desearía el adicto al shopping, Albania es sin embargo y sobre todo, tranquilidad, bonitas playas, buenos precios, sabrosa comida, naturaleza maravillosa, tiempo excelente, arte y cultura…y una gran excusa para perderse una temporada.
Y una recomendación final, sobre todo si os decidís a visitar Albania en invierno, aprovechad bien la luz del día. Allí tienen el mismo horario que aquí, pero al estar más al Este, anochece antes. Así que a las 4 y media de la tarde es noche cerrada y si os ponéis a comer de mesa y mantel os digo por experiencia que os pillará la noche comiendo. Realizad las visitas mientras haya luz diurna, y ya habrá tiempo para comer cuando anochezca, que la noche en invierno es muy larga.
Saludos para todos y…. ¡BUEN VIAJE!

Pedro Zubiaurre

Pedro Zubiaurre

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