Cada mes de julio, Almagro recibe a los visitantes con sus calles empedradas para vivir su Festival Internacional de Teatro Clásico. Sus plazas, sus palacios y su Corral de Comedias se convierten en decorado de un tiempo que no ha terminado de irse del todo: el de Lope, Calderón y Quevedo. Y este verano, me dejé llevar por esa magia durante un fin de semana.

Una mañana entre soportales y palacios
Visita guiada por el casco histórico organizada por Almagro Me Va, una agencia local que conoce el pueblo como pocos, no en vano nació precisamente para acompañar, calle a calle, a quien llega buscando algo más que una foto rápida. Con Vanesa fuimos descubriendo cómo Almagro conserva ese urbanismo manchego tan reconocible: casas blancas, rejería negra, portadas nobles de piedra rojiza y esa arquitectura conventual que recuerda que aquí vivieron órdenes militares como la de Calatrava y viven comunidades religiosas como los Dominicos desde la Edad Media.



Paseamos junto a antiguos conventos, uno de ellos convertido hoy en Parador de Turismo que ocupa el antiguo Convento de Santa Catalina, fundado en el siglo XVII y que fue el primer convento franciscano de la ciudad, con sus claustro de arcos de ladrillo, su fuentes de piedra y sus jardines recibiendo al visitante.




También nos detuvimos ante el Hospital de San Juan de Dios, hoy reconvertido en Espacio de Arte Contemporáneo, con la fachada vestida para el 40 aniversario de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que preside una de las plazoletas más fotogénicas del recorrido.



El itinerario terminó, como no podía ser de otra manera, en la Plaza Mayor, con sus característicos soportales de columnas de piedra y balconadas acristaladas —testigos, durante siglos, de comedias, autos sacramentales y ferias— y en el Ayuntamiento, con su torre del reloj vigilando el conjunto.



Una farsa barroca en el corral más antiguo de España
Pero si hay un lugar que resume Almagro en una sola imagen, ese es el Corral de Comedias, descubierto en 1954 bajo el patio de una posada y declarado Monumento Histórico-Artístico. Sentarme en una de sus sillas de madera, bajo el cielo abierto que corona el patio, es una de esas experiencias que uno no olvida fácilmente.


Tuve la suerte de ver «El noble arte del engaño», representada por la compañía Scándere dentro de la 49ª edición del festival. Sus propios autores la definen como una farsa barroca de aire cabaretero, inspirada en testimonios históricos, con música en directo y versos de Calderón, Lope y Quevedo entremezclados con la ficción. El reparto —Ana García-Fuentes, Juan Maroto, More Orta, Georgina Pressegué, Leticia Ramos y Kevin de la Rosa— se metió al público en el bolsillo desde el primer minuto, jugando con la complicidad de las gradas y confundiendo, como manda la tradición del corral, la frontera entre actores y espectadores.
El montaje, ambientado entre ropa interior de mujer tendida y luces que teñían de rosa todo el corral, terminó con el público puesto en pie aplaudiendo a un elenco que se lo había ganado a pulso. Y allí, al final de la obra nos enteramos que España había ganado el Mundial y lo celebramos por todo lo alto.



De sobremesa por Almagro: posada y parrilla
Ningún día en Almagro estaría completo sin sentarse a la mesa, y menos en un fin de semana de festival. Comimos en dos locales que representan bien las dos caras de la cocina manchega: el ambiente histórico de posada y el más directo, de brasa y producto, de una parrilla de toda la vida. Nos sentamos cinco a la mesa en ambos casos.
La Posada de Almagro: cuatro siglos de solera
La Posada de Almagro ocupa lo que fue la antigua Posada de San Bartolomé, de finales del siglo XVI, y se nota en cuanto se cruza el zaguán: galerías de madera y piedra, paredes encaladas y ese punto rústico que solo dan cuatro siglos de historia. Comimos en la sala de las tinajas, un espacio con enormes vasijas de barro para vino que hacen de decorado y le dan al comedor un aire entre bodega y museo etnográfico. También tiene un patio cubierto con un toldo color mostaza y luces que, de noche, debe de ser una gozada para cenar al fresco.




Pedimos el menú especial de fin de semana, 37 euros, en el que los entrantes se sirven al centro para compartir y disfrutar: una ensalada de ventresca con tomate, cebolla y aceitunas negras, jamón ibérico cortado a cuchillo con picos, una tabla de quesos manchegos curados con pasas y gamba blanca de Huelva a la plancha, servidas en corona con limón y perejil. Un arranque generoso que ya deja claro el nivel de la casa.




De segundo, entre los platos elegidos mi elección fue el entrecot de ternera a la brasa al punto acompañado de patatas panaderas con pimentón. Para acompañar, una botella de Vulcanus Syrah, de la bodega Encomienda de Cervera, con denominación de origen Campo de Calatrava: un tinto de la comarca, de la zona volcánica del Campo de Calatrava, que maridó de maravilla con la carne.


Y para cerrar, no podía faltar el típico Alfonsino y una milhoja de almendra con nata, ambos acompañados con helado de chocolate, Un cierre dulce a la altura de todo lo anterior.


La Parrilla de San Agustín: cocina de brasa junto al Teatro Municipal
Al día siguiente tocó La Parrilla de San Agustín, en la calle del mismo nombre, muy cerca del Teatro Municipal y del Espacio de Arte Contemporáneo. El local, con más de una década de historia familiar, es de los que no fallan cuando lo que apetece es carne y producto de la tierra sin artificios.


El contundente menú del día, con un precio de 35 euros, ofrecía como entrantes:
- Tabla de Ibéricos Manchegos: Lomo, Salchichón y Queso Manchego D.O.
- Carpacho de Bacalao Ahumado con Tomate Aromatizado y Pan de Cristal.
- Surtido de Mariscada de Gambones y Zamburiñas.
al que añadimos un clásico, Migas Manchegas con pimientos y uvas.




Para maridar los aperitivos, una botella de Gran Fúcares, de la Cooperativa Nuestra Sra. de las Nieves, con denominación de origen Campo de Calatrava: un blanco típico de la comarca, elaborado con Airén.

De segundo, entre los treinta platos para elegir, sí has leído bien, hubo Cachopo con guarnición de patata panadera, Picaña de añojo de Angus a la brasa, Paletilla de cordero asada a la Castellana con su jugo, y Rabo de toro que maridamos con diversos tintos de la D.O. Campo de Calatrava. Toda la carta gira en torno a la brasa y a los productos con denominación de origen de la comarca y se nota en cada plato.




Y de postre, Milhoja de nata y crema, Torrija con helado y un Kenel de chocolate acompañado de galletas: una manera dulce y sin prisas de cerrar el fin de semana en Almagro.



Un pueblo que vive de su propia leyenda
Almagro tiene esa rara virtud de no necesitar disfrazarse para el festival: el teatro ya corre por sus calles el resto del año. Si tienes ocasión de visitarlo en julio, a pesar del calor, no lo dudes: pocos planes combinan tan bien patrimonio, teatro y buena mesa en un espacio tan reducido.
Mientras tanto, disfruta de Almagro con este vídeo:
