Hay viajes en el que no necesitas cambiar de país para convertirlo en una aventura. A veces basta con adentrarse en el Mediterráneo y dejar que el viento marque el rumbo.
Eso fue exactamente lo que sentí el pasado domingo al embarcar en el Tabarka, velero de la Escuela de Navegación Santa Pola, para participar como tripulante en la XX Regata Óptica Chantal organizada por el Real Club Náutico Torrevieja.


Porque navegar a vela no consiste únicamente en moverse sobre el mar. Navegar a vela cambia la percepción del tiempo, del paisaje y hasta de uno mismo.
El momento en que el puerto queda atrás
La jornada comenzó en el puerto de Torrevieja entre preparativos, cabos, velas y conversaciones rápidas de tripulación. El ambiente previo a una regata tiene algo especial: mezcla concentración, compañerismo y esa tensión tranquila de quien sabe que, una vez fuera, todo dependerá del viento.
A bordo del Tabarka, patroneado por Carlos Antón, compartí tripulación con Raúl Cardenete, Marga Pastor y Angelo Morani. Un equipo perfectamente coordinado donde cada uno conocía exactamente su función cuando llegaba el momento de maniobrar. Como invitada nos acompañó Marisa Escribano, autora de las fotos que acompañan este artículo en las que aparezco yo.
Y entonces sucede algo curioso.
El puerto empieza a quedarse atrás.
La ciudad se convierte en horizonte.
Y el Mediterráneo pasa a ocuparlo todo.



Navegar leyendo el viento
Desde tierra, muchas veces observamos los veleros como si avanzaran lentamente, casi en silencio. Pero dentro de una regata la sensación es completamente distinta.
Cada cambio de viento obliga a reaccionar.
Las escotas se tensan y se aflojan constantemente.
El barco escora en ceñida y el casco comienza a cortar el agua con más fuerza.
Y uno termina entendiendo que navegar no es solo desplazarse, sino interpretar continuamente el mar.


El recorrido de la regata, de algo más de diez millas náuticas entre Cabo Cervera y Cabo Roig, nos permitió disfrutar de una de esas jornadas mediterráneas difíciles de olvidar: cielos cambiantes, mar relativamente amable y una luz espectacular que convertía cada instante en una fotografía.
Velas negras sobre un mar azul imposible
Uno de los momentos más impresionantes fue contemplar varias de las embarcaciones participantes navegando muy cerca unas de otras, especialmente aquellos veleros con velas negras de fibra de carbono que contrastaban de manera espectacular con el azul intenso del Mediterráneo.
Desde cubierta, la escena parecía más cercana a una travesía oceánica que a una regata costera.
Había momentos de tensión durante las maniobras y otros de silencio absoluto en los que únicamente se escuchaba el viento golpeando las velas y el sonido del agua deslizándose bajo el casco.
Y es ahí donde aparece la verdadera magia de la vela.
Porque el mar obliga a detener el ritmo mental.
A observar.
A anticiparse.
A estar presente.


El Tabarka… con K
El nombre del barco tampoco es casual.
Tabarka, escrito con K, conecta inevitablemente con esa memoria mediterránea que une Alicante, Santa Pola, Nueva Tabarca y la ciudad tunecina de Tabarka. Un nombre cargado de historia marinera que, navegando frente a la costa alicantina, adquiere todavía más sentido.
Quizá por eso esta experiencia terminó teniendo para mí algo más profundo que una simple jornada deportiva.
Fue también una manera distinta de viajar por el Mediterráneo.
De entenderlo desde dentro.
Desde el viento y desde el mar.
Mucho más que una clasificación
Al final de la jornada, el Tabarka logró una magnífica quinta posición entre cerca de veinte embarcaciones participantes.
Pero sinceramente, mientras enfilábamos el puerto de Torrevieja, la clasificación había dejado de ser lo importante.
Lo verdaderamente especial había sido formar parte de la tripulación.
Compartir maniobras.
Aprender a leer el viento.
Y sentir durante unas horas esa mezcla de libertad, respeto y aventura que solo ofrece la navegación a vela.
Porque hay experiencias que uno recuerda como un viaje aunque nunca haya abandonado realmente la costa.
🎥 Vídeo de la experiencia
Para sentir la experiencia, mejor que con unas fotos, puedes ver el reel que grabé durante la regata desde el propio Tabarka, en mi perfil de TikTok:
