Tabarka, en la costa noroeste de Túnez, es un enclave donde comienza una de las historias más singulares del Mediterráneo: la de la comunidad tabarquina, marcada por el mar, el coral rojo y una diáspora que conecta África, Italia y España.
Este viaje, organizado por la Asociación Tabarca Cultural de la isla de Nueva Tabarca (Alicante), no ha sido una simple experiencia turística, sino un auténtico retorno al origen. Un encuentro con la memoria de aquellos pescadores que, siglos atrás, encontraron en este lugar su hogar… y también el inicio de su destino.
Un enclave privilegiado frente al Mediterráneo
Tabarka se abre al visitante como un paisaje de contrastes: el azul profundo del mar, el movimiento pausado de su puerto pesquero y, sobre todo, la presencia imponente de la fortaleza genovesa, erigida sobre un promontorio rocoso que domina el horizonte.



Hoy ya no es una isla. Las murallas que protegieron durante siglos a sus habitantes sirvieron también para unirla al continente, transformando su geografía sin borrar su identidad.
Desde sus alturas, el Mediterráneo se muestra en toda su dimensión histórica: un espacio de intercambio, de comercio y de migraciones. Un mar que, más que separar, ha unido culturas durante siglos.


La fortaleza genovesa y el “oro rojo” del Mediterráneo
La historia de Tabarka no se entiende sin el coral rojo. Durante siglos, pescadores procedentes de Génova se establecieron en este enclave atraídos por la riqueza de este recurso, considerado en su tiempo tan valioso como el oro.
En ese contexto, Tabarka se convirtió en un enclave estratégico dentro del Mediterráneo, en una época en la que Génova mantenía estrechos vínculos con la Corona española. La fortaleza genovesa, aún hoy visible, fue testigo de aquella prosperidad y del desarrollo de una comunidad singular, profundamente ligada al mar.






Recorrer sus muros es recorrer también la historia de aquellos hombres que vivieron del coral, que comerciaron con él y que construyeron una identidad que aún perdura.
De Tabarka al mundo: la diáspora tabarquina
Pero la historia de Tabarka es también una historia de adversidad. Con el paso del tiempo, la inestabilidad política, los conflictos y la presión de la piratería en el Mediterráneo obligaron a sus habitantes a abandonar este enclave.
Algunos emigraron voluntariamente a Cerdeña, donde fundaron comunidades como Carloforte y Calasetta, en las que todavía hoy se conserva la lengua y la cultura tabarquina.
Otros vivieron episodios mucho más dramáticos. La captura de parte de la población por piratas argelinos marcó un punto de inflexión que acabaría con su liberación y traslado a la isla de Nueva Tabarca, frente a la costa de Alicante, donde se asentaron definitivamente.

Así nació una comunidad que ha sabido mantener viva su identidad a lo largo de los siglos, conservando el vínculo con este lugar de origen.
El regreso: emoción e identidad
Uno de los momentos más intensos del viaje fue la llegada a Tabarka. La visión de la fortaleza genovesa, recortada sobre el Mediterráneo, provocó una reacción difícil de describir en muchos de los participantes.

Entre ellos se encontraban descendientes directos de aquellos tabarquinos que protagonizaron esta historia. Sus miradas, sus silencios, sus gestos… y alguna lágrima, reflejaban la emoción de estar pisando el lugar donde comenzó todo.
Fue un instante de conexión profunda entre pasado y presente. Un recordatorio de que la historia no es solo un relato, sino una vivencia que se transmite de generación en generación.
Este tipo de experiencias ponen de manifiesto que la cultura no entiende de fronteras y que el legado tabarquino sigue siendo un elemento de unión entre pueblos.
La mirada experta: Monique Longerstay
El viaje contó con la guía de la arqueóloga belga Monique Longerstay, gran conocedora de Tabarka, donde fue profesora y residió durante años. Su interpretación del enclave permitió comprender en profundidad el valor histórico, patrimonial y humano de este lugar.
Gracias a su acompañamiento, cada rincón adquirió un significado más amplio, conectando los vestigios del pasado con la realidad actual de Tabarka.

Tabarka hoy: un destino con alma
Más allá de su historia, Tabarka es hoy un destino de gran atractivo turístico. Su puerto, sus paisajes costeros, su gastronomía y su patrimonio cultural ofrecen una experiencia auténtica, alejada de los circuitos masificados.
La visita estuvo marcada también por la cálida acogida de la comunidad tabarkina local, que recibió al grupo con cercanía y hospitalidad. Un encuentro que refuerza la idea de una identidad compartida que sigue viva a ambas orillas del Mediterráneo.








Pero lo que realmente distingue a Tabarka es su capacidad para emocionar. Para hacer sentir al visitante que está ante un lugar donde la historia sigue viva.
Un viaje al origen
Este viaje a Tabarka ha sido, en definitiva, una experiencia que trasciende lo turístico.
Es un viaje al origen. A la memoria. A la identidad.
Un recordatorio de que, en el Mediterráneo, las historias no se pierden: permanecen y merece la pena contarlas.
Y Tabarka es, sin duda, uno de los lugares donde su historia sigue viva.



👉 Puedes leer también mi versión más institucional publicada en AAPET en el siguiente enlace:
Tabarka: viaje al lugar donde todo comenzó y del encuentro con los tabarquinos sardos que tuvo lugar hace dos años en Génova.
